
Asciendes desde mi pecho hasta mis labios,
Derramando la esencia ardiente de tu boca deseosa,
Contagiando cada poro de mi piel,
Alterando mi cordura,
Desatando la unión del salvajismo de mi cuerpo y la dulzura de mi alma,
Llevándome hasta el calor de tus brazos y la sed de tu piel…
Me incorporo a la ansiedad,
Al grito del placer,
mientras me recorres como cazador a la tierra seca,
Al suelo frágil corrompido por una gota de agua.
Entonces me hago parte de ti
Como complemento de tu carne en fruición de la tentación de tus besos...
Te siento vibrar en mí,
Me estremezco y me entrego como el día a la noche en deleite a la luz…
Te deslizas y paseas,
Muerdes y saboreas,
Me atrapas bajo tu peso,
Disfrutando de mi excitación,
Juegas con la delicadeza ardiente de tus dedos
E indagas con tu lengua la desesperación de mi apetito,
Te apreso entre mis piernas y paralizo con mis manos,
Como en una lucha damos vueltas sin separarnos.
Te rasguño,
Me muerdes,
Te beso,
Me acaricias
Y mis labios buscan tu centro,
Tanteando con mi lengua al canto de tu gemir,
Mi cabello cae sobre la tentación,
Mientras tus manos acarician mi reverencia a la lujuria.
Te investigo y te respiro;
Tu vos susurra en mi oído un clamor que desata mi locura furtiva;
Cuando me haz alcanzado por el cuello y tan rápido a mi espalda te concentras,
Ya no controlo mi cuerpo,
Mi alma está deseosa
Y mi razón embrujada por tu mirada que no se despega de mis ansias:
Tu frenesí se escapa y regresa,
Se dispersa y reintegra;
Un suspiro estalla desde mi sexo hasta mi vos
Y descansa sobre mi respiración agitada,
Mis ojos jadeantes y tu pasión desenfrenada.






