Te observé fijamente a los ojos después de mucho tiempo,
entré en ellos y me perdí completamente en una habitación vacía.
Por primera vez en todos nuestros contactos no pude ver,
percibir, saber que sentías, que pensabas,
¡No percibí reacción alguna!
Totalmente paralizada y limitada en palabras,
con una escalofriante brisa recorriendo todo mi cuerpo,
haciendo latir más y más fuerte mi corazón.
Pasaron esos milagrosos segundos en los que tuve tu cuerpo en frente,
tu voz presente, mi deseo capturando cada movimiento de tus labios
con esas ganas locas de besarte y hacer otra vez mío cada espacio de tu cuerpo...
Y mi ser comenzó a temblar débil, pero enervadamente...
Mientras dos lágrimas recorrían mis mejillas sonrojadas del nerviosismo,
anhelando correr tras de ti y gritar cuanto te amo,
mientras con desesperación y tristeza esperaba que me besaras o pronunciaras:
Yo también.





